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Edorta Etxarandio

– LINAJE DE ERANDIO DESDE EL SIGLO XVIII (I) –

Escudo heráldica Etxarandio Echarandio

No hay ningún registro en libros sacramentales de los Territorios Históricos vascos hasta el siglo XIX en que aparezca, como primer o segundo apellido Echarandio o Echerandio. Su presencia, aislada en Araba y Gipuzkoa, y sólo un poco más nutrida en Bizkaia, a partir de 1800 y actualmente instaurada en escasos individuos, esencialmente parientes conocidos entre sí en Bilbao y Barakaldo, apunta como explicación obvia la modificación del apellido en un momento relativamente reciente.

Echarandio es un apellido toponímico derivado del lugar de Erandio, que en documentos viejos y en las partidas eclesiásticas más antiguas, se escribió con hache, Herandio. Erandio carece de una traslación etimológica segura en euskara. La evolución es, a juzgar por la frecuencia relativa del apelativo, Erandio à Achaerandio à Echarandio, dándose este último paso en Barakaldo y Valle de Trapaga. La vacilación del componente entre lo que, con grafía en vigor, puede ser atxa -peña-, etxea -casa- o aretxa -roble-, en dialecto vizcaíno, conceptos tan esenciales del imaginario primitivo, parece generalizada, y específicamente, por lo que toca al caso, en Barakaldo y Valle de Trapaga. De suyo, el otro linaje que se emparenta con Echarandio cuando la nueva variante surge, a través del matrimonio del que nació Eduardo Echarandio Zavala en 1818, conforme al apellido de la abuela materna de éste, la madre de Francisca Zavala Arechavaleta, viene registrado en el Valle de Trapaga, con indiferencia, como Echabaleta, Achabaleta y Chabaleta. Probablemente, al estar perdiendo a finales de siglo XVIII el euskara los comparecientes de Trapaga o Barakaldo a la pila bautismal o velatorio, en fricción con el romance de las Villas de Portugalete y Bilbao, y de los encartados, parece que los Echarandio y Zavala tendían a canjear el apellido, por corregirlo, sin transmitir su literalidad inmutable, siendo diferente la evocación de una peña, una casa o un roble, bien para unirla a un lugar, o para aplicarle el adjetivo zabala -ancho-, y el pluralizador -eta.

Escudo de Trapagarán

Sea como fuere, la secuencia del linaje no es tan cristalina como resultaría de que coincidieran los datos registrados en los libros de bautismo de nombre propio y orden de los apellidos de los progenitores, a partir de cierto punto.

De quienes se tiene noticia por testimonio personal, no hay duda:

María Luisa Cuevas Echarandio, nacida el 19 de setiembre de 1937, es hija única de María Luisa Echarandio Sasía, quien nació el 17 de abril de 1914, ambas en la misma cama de la misma habitación del mismo caserío, en el final de la calle Arrandi, al embocar en la Plaza de Landaburu de Barakaldo, caserío arrendado históricamente por la familia Zugasti -en realidad Zugasti-Olloki, lo que es otra historia-, y que estaba colindante por la huerta con el caserío del que eran inquilinos los Echarandio. Fue por ello que se conocieron sin esfuerzo la hija de Juan Sasía Palacio, y de la abuela Venancia Zugasti Masso, Eusebia, y Baldomero Echarandio Echave, que recibió bautismo en San Vicente de Barakaldo el 27 de febrero de 1887, y que tuvo breve vida, puesto que padeció el disparo del arma de un guardia municipal, compañero suyo, cuando patrullaban ambos una noche perpleja las heredades baracaldesas entre Retuerto y Luchana, el 29 de noviembre de 1922, muriendo de la herida en el Hospital de Basurto el 2 de diciembre de dicho año, por lo tanto, con treinta y cinco. A lo que se cuenta, el disparo fue fortuito o por confusión, y como su hermano Vicente era secretario del ayuntamiento, dado que el finado había tenido los días de vida para hacer a Eusebia cinco hijos -María Luisa, la primogénita, Daniela, Vicente, Antolín y Dolores- que quedaban huérfanos, se proveyó una pensión a cargo de la corporación para viuda e hijos, hasta la mayor edad de éstos, y mientras la madre conservaba su estado. Fueron hermanos de Baldomero, todos de Barakaldo, Elvira, bautizada el 9 de agosto de 1885, Felisa, el 24 de febrero de 1889, el predicho Vicente, el 26 de enero de 1891, Juan, el 30 de junio de 1893, y Florencia, el 17 de octubre de 1897.

Baldomero era hijo de Raimundo Echarandio Garay, bautizado el 2 de marzo de 1856 en San Vicente de Barakaldo, hijo de Eduardo Echarandio Zavala, y de Juana Garay Urcullu. Raimundo sobrevivió a su viuda y madre de Baldomero, Ramona Echave Uraga, y se hizo una casa en Landabeko (Barakaldo) antes de la guerra civil, dejando el caserío de Arrandi, testando por su sucesor al arriba indicado hijo Juan, y apartando a los demás. Fueron hermanos de Raimundo, los bautizados en San Vicente de Barakaldo, Francisca, el 7 de febrero de 1850, Miguel, el 29 de setiembre de 1852, y Juana, el 10 de junio de 1859.

La vega de Barakaldo a mediados del siglo XIX

El problema de ancestros identificados se coloca en el padre de Raimundo, del que no hemos conocido lógicamente a nadie que a su vez lo hubiera conocido en vida, y que fue bautizado como Eduardo Echarandio Zavala, en la iglesia de la Transfiguración del Señor San Salvador del Valle de Trapaga, el 14 de octubre de 1818, quien es uno de los primeros Echarandio constatados. Es de notar incidentalmente, que una de las hermanas de Eduardo, María Echarandio Zavala, casó con un José Garay Urcullu barakaldés, a todas luces un hermano de Juana Garay Urcullu, que enlazó con Eduardo. Como de los seis hijos Garay Echarandio, la primera, Baldomera Celestina, fue bautizada en La Transfiguración del Señor del Valle, el 27 de febrero de 1850, las bodas debieron ser, a la vez, muy coetáneas, y tiene una explicación el nombre de pila de su sobrino Baldomero.

Escudo de Barakaldo

Con arreglo a su partida bautismal, a la página 682 del libro que abarca los infantes bautizados desde 1773 a 1819, era hijo Eduardo de Ramón Echarandio Goicoechea, siendo su abuelos paternos Joseph Echarandio y Ana María Goicoechea, los cuales se dicen vecinos de Barakaldo, los abuelos ya difuntos. Todo apunta a que ese Ramón fue a casarse a El Valle desde Barakaldo, y luego volvieron algunos de sus descendientes a esta anteiglesia. Además, el tal Ramón contrajo primeras nupcias con María Algorri Loredo en Trapaga, el 21 de marzo de 1791, con la que tuvo, por lo menos, a Joaquín Toribio, el 27 de abril de 1792, Vicenta, el 22 de enero de 1794, María Fernanda, el 11 de marzo de 1799, y Ramón Mathias, el 25 de febrero de 1808. Puesto que fue extraordinaria cualquier fórmula alternativa de disolución del matrimonio a la muerte entre gente vulgar, viudo Ramón, enlazó con Francisca Zavala. Aparte de los de vínculo sencillo por parte de padre, Echarandio Algorri, hermanos de Eduardo fueron, bautizados en El Valle, Josefa Paula Echarandio Zavala, el 18 de noviembre de 1816, María Josefa, el 8 de febrero de 1821, otra María Josefa, el 27 de agosto de 1823, y Francisco Antonio, el 4 de diciembre de 1825. Habida cuenta que ya estaba casado Ramón Echarandio en 1791, y tuvo vástagos durante treinta y tres años, debe descartarse razonablemente que hubiera nacido después de 1770, y por el natalicio del último hijo encontrado, puede fijarse, una horquilla hacia 1750, determinando el nacimiento y bautismo en Barakaldo, tanto por la vecindad declarada, como porque es esta anteiglesia donde aparecen coetáneos por primeras ocasiones Achaerandio y Echarandio indiferenciados entre hermanos de padre y madre. Nuestro candidato, como se verá, tuvo a Eduardo con 52 años, y a la última de sus nueve hijos encontrados, nada menos que con 58, casado en segundas nupcias con quien era más joven que su primer hijo (Ramón tenía 48 años al casarse por segunda ocasión, y su mujer menos de la mitad, 23).

Los tales Ramón, Joseph y Ana María con los indicados apellidos exactamente no constan. En realidad, como queda señalado, los Echarandio se inauguran con unos gemelos Echarandio Arteagabeitia de 1785 y con los medio-hermanos de Ramón a partir de 1792, de modo que el apelativo debió surgir por entonces, como queda aventurado.

Si se reconstruye el origen del linaje, lo más anciano, según se avanzaba, es con apellido Erandio, y posteriormente aparece un apellido, no abundante, pero hoy día más conocido que Echarandio, y con el que es usual que se mixtifique y ultracorrija, Achaerandio, que en ocasiones vetustas se escribía separado Acha (H)Erandio, incluso con copulativa Acha y Erandio -no falta la inversa, Erandio y Acha, como apellido único-, lo que es sugestivo con claridad de un composición de los apellidos Acha y Erandio, cruzándolos para formar uno nuevo, y consciente o inconscientemente, dividir un linaje.

El viaje por la historia del linaje de Erandio continua en el siguiente enlace:

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