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Edorta Etxarandio

– LA INMORTALIDAD FAMILIAR –

Me parece diferente cuando miras una foto de alguien a quien conoces y murió, y pertenece a un tiempo que éste conoció pero el observador no pudo conocer. No tiene qué ver con la impresión de alguien que murió y nunca has conocido, como el conjunto de fotografiados en un momento por el que el paso del tiempo necesariamente se los habrá llevado a todos, ni cuando el que falta se encuentra en un momento histórico que compartía contigo, aunque fuera en lugares distantes y condiciones distintas. En estos casos hay algo ligeramente depresivo, como de sordo lamento, de escasez del lapso de la vida.

En cambio, cuando se mira a quien vive en un tiempo en que no viviste, y que no pudo tenerte en cuenta, y sabes que ya no está, se experimenta una calma especial. Como la liberación de un peso, de la falta de conciencia. No es lo mismo que ver a quien fue, quien existió, y se rememora aunque se pierdan cada vez más los detalles (para ganarse con la senectud en la memoria retrógada), sino que quien existió no conoce, entonces, en mundo en que tú estarás.

Es el caso de tu padre, cuando no lo era ni sabía que fuera a serlo, aunque imaginara tener un hijo, pero no tenia forma de saber que serías tú.

Mi padre en el servicio militar
Gure aita soldadutzan ez dakit non. Garellanon egin zuen bulegari, etxetik irten barik, baina agian kanpamendua zen, gaztea. Gaztetasunak dakarren bere alaia eta lurrean eserita.

Aita ez zen ordurako eta ni gabeko munduan agertzen zaigu. Ezina berak nire esperoan izatean, teoria hutsean ezpada, gure amarekin ezkontzea iragarri ere ez. Amak zeukan argazkia zen, eta gutxi eduki zitzakeen ni jaio baino lehengoak

La paternidad como forma de inmortalidad

En la ambición de perpetuarse del ser humano como individuo, se ha estudiado la tesis de Unamuno, quien admite el amor doméstico, la paternidad y la família como una forma de inmortalidad. Esta es sucedánea de las otras formas superiores, la de la fama, la de la obra de ficción, y la del alma, en que también se sobrevive en la memoria de los demás. Así es, en su Vida de Don Quijote y Sancho, que se hace compleja en La tía Tula, con esa trascendencia de las leyes de la herencia, como dominio del espíritu sobre la carne, tan propio del anhelo ascético del pensador bilbaíno. El hambre de inmortalidad es una de las manifestacions de la voluntad del hombre para perseverar en su esencia, en ser y no morir, en seguir siendo. La inmortalidad personal, individual, de cada ser humano, como pulsión, y la mortalidad evidenciada por la razón (Del sentimiento trágico de la vida, San Manuel Bueno y Mártir, La agonía del cristianismo), tienen para todos su consuelo en la paternidad.

Es la aportación a la historia de la filosofia de un bilbaíno de 1864, que nació en el número 14 de la calle Ronda.

Mi génesis vital en el entorno bilbaíno

Algo menos de un siglo después nació quien escribe, y algo podia haber de una remota perpetuación genética, ya que Francisca Jugo Urizar, bautizada en la parroquia de San Esteban de Etxebarri el 4 de octubre de 1719, quien fue la antecesora número 1415 del recién nacido, en la undécima generación, y Mari Sánchez Abirisquieta Jugo, bautizada en la parroquia de Santa María Magdalena de Arrigorriega el 9 de marzo de 1643, antecesora número 2371, en la duodécima generación por otra estirpe, tienen tronco común en los Jugo de Galdakao, de donde provenia la madre de Don Miguel, Salomé Jugo Unamuno.

En este 2020, mientras el Covid-19 evolucionaba por China, han traído a nuestro mundo a quien he tenido en brazos, como me tuvo mi abuelo al nacer.

Le han traído en el que, cuando se inauguró en 1908 era el Santo Hospital Civil de Bilbao, entonces el mejor hospital del Reino y uno de los mejores de Europa (en la actualidad hospital universitario de Osakidetza). A su aitita le trajeron en lo que popularmente era conocida como “La Gota de Leche”, oficialmente la “Residencia maternal y quirúrgica del Dr. Echevarria”, la clínica del edificio modernista de la Plaza del Bombero Etxaniz de Bilbao,  donde a tantas bilbaínas se ayudó a parir esa unamuniana aportación a la eternidad familiar.

El Santo Hospital Civil de Bilbao inagurado en 1908

En realidad, “La Gota de Leche” fue una institución fundada por el Ayuntamiento de Bilbao en el año 1904. Separada de la beneficiencia domiciliaria y gestionada más adelante por la Caja de Ahorros Municipal, estaba destinada a proporcionar alimentación a los lactantes en situación de riesgo, así como educación a sus madres acerca de los cuidados de puericultura. Trataba se seguir el modelo establecido por las Goutte de lait de París, que se estaba extendiendo por toda Europa.

Y fue porque se dotó de consultorio al médico municipal de dicho encargo en la que iba a ser la sede del “Sanatorio” de la foto -médicos que llegaron a ser tres-, la denominación confusa entre la institución asistencial y la clínica privada -el Instituto Nacional de Previsión no incluyó en sus prestaciones de salud el embarazo y parto hasta 1969-, constituida en 1936, con pretensiones de modernidad y cierto lujo. Precisamente el 4 de agosto de 1961 el pleno del Ayuntamiento acordó amortizar las tres plazas de médicos y cerrar “La Gota de Leche”. El Sanatorio siguió acogiendo su maternidad hasta finales de los ochenta del siglo XX.

Una porción del edifico de la clínica, la más anciana y de valor arquitectónico, se preservó, rehabilitada, al construirse en 1990 el Hotel Indautxu, de la cadena Silken, reformado en 2007, propiedad de un grupo vasco que experimentó, con su grupo de construcción, el concurso de acreedores desde 2015, procedimiento judicial en el que casualmente tuvo alguna intervención quien vio la luz en dicho lugar.

En cambio, nada quedó de la antigua Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, de Indautxu, en la que fui bautizado, al de dos días, precisamente habiendo nacido el día siguiente al del Carmen, 16 de julio.

El origen del templo, tan próximo al Sanatorio, se encuentra en una donación de terrenos efectuada por los hermanos Allende-Plágaro (los cuatro hijos de Manuel Allende, empresario de origen leonés, con tanto protagonismo en el urbanismo inicial de Bilbo, y particulamente de Indautxu), en 1907 a la diócesis de Vitoria. La intención era erigir una capilla, que se construyó, dedicada a la Virgen del Carmen, y bendijo el obispo Cadena en 1911, obra del arquitecto Leonardo Rucabado, de una sola nave con galerías cubiertas y bóveda de crucería, en un estilo historicista combinación del gótico y el románico. En 1934 fue convertida en parroquia, y poco más adelante, gracias a la cesión de un terreno aledaño por parte del Ayuntamiento de Bilbao, se construyó un despacho parroquial, una sacristía y dos viviendas, para el cura sacristán y el sacristán seglar.

La iglesia actual, cuya primera piedra puso el obispo Gurpide (ya de la diòcesis de Bilbao, erigida en 1950), seis años después de mi bautismo, y terminó en 1968, es mucho más grande, moderna, de sincretismo entre el expresionismo y el brutalismo.

Vista de pájaro de la vieja Plaza de Indautxu de Bilbao


Vista de pájaro de la vieja Plaza de Indautxu. A la derecha, la Iglesia del Carmen, y a la izquierda uno de los palacetes de Indautxu, entre calles Simón Bolivar y Aureliano Valle, de Tomás Allende, prócer inmobiliario, casado con María Allende Plágaro, también del arquitecto castrense Leonardo Rucabado, de estilo regionalista montañés, y también casa singular desparecida

Un nacimiento al límite de la conmemoración golpista

Cuando el lunes 17 de julio de 1961 mi abuelo esperaba por Indautxu su primer nieto, la inquietud por la fecha superaba la propia de la ocasión, que tardaba en consumarse. Y por el estado de su hija parturienta, puesto que para un excombatiente de los perdedores, era poco soportable que un cuarto de siglo después, el 18 de julio debiera tener que celebrarse por ninguna otra razón, con tantos días del calendario,

La expresión gráfica de la desazón aparece en el único diario que podia leerse ese día. Como todos los lunes, la “Hoja del Lunes”, que desde la dictadura de Primo de Rivera era el diario autorizado a las asociaciones de la prensa provinciales, para nutrirse y garantizar uno de los mayores logros alcanzados por los periodistas, desde la huelga de 1919: el descanso dominical. Con Franco, el derecho se mantuvo como obligatorio, las empresas periodísticas descansaban el Domingo, y el único Periódico autorizado los lunes era la Hoja del Lunes.

DIario la HOAJ DEL LUNES con la celebración del XXV aniversario del Alzamiento

Es la Hoja del Lunes de Madrid, y lógicamente era primera página la efeméride de los XXV años desde el Alzamiento Nacional. Esa tarde, a las 19.00, desfilaron en magna demostración por el Paseo de la Castellana, las fuerzas armadas, cuerpos de Seguridad, y excombatientes, ante El Generalísimo.

Funciona como antidepresivo natural comprobar que comparte importancia retroactiva la noticia de que “En Madrid se venden más de 500.000 abanicos cada temporada estival” (mercado, como el del sombrero, me temo que desaparecido en esa su gran relevancia)

El despropósito de nacer el 18 de julio en una de las muchas familias contrarias al Régimen, no se llegó a verificar, sin poder afirmarse que hubiera pseudoepigrafía médica, aunque tampoco ser descartado, certificándose el nacimiento minutos antes de las 24.00 horas del 17. En realidad, dos primos mayores, aunque por la línea paterna, habían nacido exactamente el mismo día de dos y tres años antes (además en la misma habitación de la clínica).

Claro que en esos maternales esforzados momentos de la tarde del día 17 de julio, también se desfiló en Bilbao, a pocos metros de la clínica, por la Gran Vía, como da cuenta La Gaceta de Norte del siguiente día.

Hoja de periódico LA GACETA DEL NORTE

En las fotos del periódico no se constata, por los figurantes en la acera, esa multitud enardecida por los veteranos triunfadores de la guerra civil, excombatientes ya todos muertos. Aquí el antidepresivo debe buscarse en otra página: el domingo 16 de julio se había celebrado, con ocasión de las fiestas patronales en la plaza de toros de Santurtzi, una novillada con picadores, mano a mano Emilio Oliva y Rafael Romero, con cuatro novillos de Lisardo Sánchez, logrando llevarse el primer torero la oreja del tercer toro

Muchos acontecimientos importantes se estaban solucionando o enredando en el panorama internacional, con un eco de muchos años, pero que, de todas las maneras, para cuando comienza esta tercera generación en 2020 no transcienden.

El caso es que no fue el día oficial sino la víspera cuando se produjo la sublevación de 1936 en Melilla, Ceuta y el Protectorado español de Marruecos. Y en cambio, en Pamplona, donde estaba todo planificado por Mola con los requetés, el general no declaró el estado de guerra hasta la madrugada del día 19. El jefe de la rebelión, Sanjurjo, pamplonés, muerto al día siguiente, en Cascais (Portugal), al no remontar en su despegue el avión que le traía a Burgos, y el propio Mola, el “Director”, al estrellarse su avión en una colina de Alcocero (Burgos) cuando viajaba de Vitoria a Valladolid el 3 de junio de 1937, no sobrevivieron a la Guerra Civil. Ni siquiera alcanzaron sus objetivos inmediatos en ella, el primero, ponerse al mando de la sublevación, y el segundo, tomar Bilbao. Y precisamente los restos mortales de ambos se llevaron a la cripta del erigido Monumento a los Caídos de Pamplona la tarde del 17 de julio de 1961.

Diario de la época

Recuerdos navarros por San Fermín

El domingo 16 de julio de 1961 se había entonado el “Pobre de mí” de los Sanfermines, por lo que el cortejo fúnebre en homenaje póstumo a quienes auspiciaron una dictadura militar en la que no pudieron participar, sucedió casi sin solución de continuidad al cortejo festivo de último encierro, que fue a los toros de la ganadería santacolomeña de Alfonso Sánchez Fabrés.

Los Sanfermines de 1961 son de la docena y media que tienen que lamentar la muerte de un mozo en el encierro. Precisamente Vicente Urrizola Isturiz, pamplonés de 32 años, quien era de los que se colocaban en la Cuesta de Santo Domingo, siendo el primer tramo del recorrido más rápido por la pendiente, pero supuestamente más arropada por los cabestros. Y fue arrollado precisamente allí a los pocos segundos de sonar los cohetes en la puerta de corrales, a la altura del Museo de Navarra (entonces todavía Hospital Militar). Fue una cogida desapercibida, de tan temprana y la poca impresión causada, pero el herido, evacuado al hospital, e intervenido, falleció al mediodía del día siguiente.

Celebración del encierro de San Fermín.

Cuando despúes de casi 23 años, el 12 de julio de 1984, por única ocasión hizo el actual aitita amago de correr el encierro, después de gaupasa, precisamente se puso en las escaleres del Museo en la cuesta de Santo Domingo. Es donde se podía correr en paralelo o detrás de la manada un rato.

La tarde anterior había terminado con el examen de licenciatura la carrera de derecho en la Universidad de Deusto, y había llegado en autobús desde Bilbao con otros tres amigos vernáculos y dos ingleses de vacaciones en Barakaldo

Un monumento funerario ¿muerto?

Cuando aparece mi tercera generación, en el año del Coronavirus, los cuerpos de los personajes que se dejaron descansar en 1961 con los máximos honores, ya estaban definitivamente perturbados en su descanso. Y el propio monumento funerario, tiene un futuro perplejo.

El oficialmente denominado “Navarra a sus muertos de la Cruzada” es una enorme estructura edificada en 1942 en honor a los 4.500 combatientes navarros del bando sublevado fallecidos en la Guerra Civil. Su origen fue la decisión de tres sujetos, Tomás Mata Lizaso, el alcalde de Pamplona, el conde de Rodezno, Tomás Domínguez Arévalo, Presidente de la Comunión Tradicionalista y vicepresidente de la Diputación, y Víctor Eusa, arquitecto y miembro de la Junta Central Carlista de Guerra. Estos impulsaron que la Diputación Foral costeara la construcción en los terrenos del Nuevo Ensanche, cedidos por el Ayuntamiento, y aceptando el ofrecimiento formulado por el Colegio de Arquitectos Vasco Navarro de proyectarlo pro bono.

La obra, firmada por los arquitectos José Yárnoz y Víctor Eusa tiene planta central en forma de cruz griega, cubierta por una gran cúpula sobresaliente, con linternas laterales, pórtico hexástilo de columnas de fuste cuadrado liso, rematado por un frontón mixtlíneo. Exteriormente es un edifico austero y pesado. En el interior, sus paredes se encuentran inscritos los nombres de los navarros fallecidos en combate del llamado bando Nacional. En la parte interior, más ligera, hay varias pinturas alegóricas en la cúpula, realizadas por Ramón Stolz Viciano, entre las que se utiliza, fuera de su contexto, en el de los militantes requetés, a San Francisco de Javier.

Impreso sobre el Monumento a los Caídos cuyo nombre oficial es "Navarra a sus Muertos en la Cruzada"

El edificio cierra la emblemática Avenida de Carlos III el Noble, y desde la plaza, que se llamó “Conde de Rodezno” formaba, con otras construcciones con fachadas ejecutadas conforme a Ordenanzas, un conjunto excesivo “estilo remordimiento”. Fue donado por la Diputación al Arzobispado en junio de 1963, y éste, a su vez, donó al Ayuntamiento iruñarra en mayo de 1998.

El Ayuntamiento de Pamplona, gobernado por una coalición de UPN y CDN, realizó una restauración manteniendo todos los elementos, aunque ocultando tanto los escudos franquistas exteriores, la inscripción y nombre del edificio frontal, que fue tapado con la leyenda “Sala de exposiciones municipal Conde de Rodezno”.

Sin embargo, no se cumplía con lo ordenado por la Disposición transitoria única de la Ley foral 24/2003, de 4 de abril, de Símbolos de Navarra. Con arreglo a la que, al de un año desde la entrada en vigor, las autoridades debían proceder a la retirada y sustitución de la simbología propia del régimen franquista, y los símbolos integrados en edificios declarados de carácter histórico-artístico. Estos debían ser sustituidos y enviados para su custodia a la Institución Príncipe de Viana, “salvo que resulte materialmente imposible la operación de sustitución”.

En noviembre de 2015, la Alcaldía (Joseba Asirón) denominó a la plaza “Plaza de la Libertad”, y el 31 de agosto de 2016 se anunció la exhumación de los restos de Mola, Sanjurjo y otros seis combatientes franquistas enterrados en el panteón del monumento. Los restos mortuorios serían entregados a sus familias, tras de un procedimiento amparado en la Ley de Memoria Histórica y el Reglamento de Sanidad Mortuoria de Navarra de 2001.

La exhumación de Mola, sin oposición de su hija, fue adelantada al 24 de octubre, y los restos incinerados. La de Sanjurjo se judicializó, aunque fue completada el 16 de noviembre de 2016, y los restos de Sanjurjo fueron enterrados el 23 de marzo de 2017 el Panteón de Regulares 2 del Cementerio Municipal de la Purísima Concepción de Melilla (el Juzgado de lo contencioso-administrativo núm. 2 de Pamplona anuló el acuerdo municipal de exhumación del cuerpo de Sanjurjo, pero la sentencia fue revocada por la Sala de lo Contencioso-Administrativo del TSJNA en enero de 2019, confirmando la validez de lo actuado).

Los debates crecen, sin que se sepa cómo actuar con el monumento, una vez libre de cuerpos humanos significados. Entre la opción por una rasa demolición o diversas ideas de reasignación al servicio de nuevas funciones públicas, eliminando los símbolos legalmente prohibidos.

Por razones profesionales he tenido conocimiento cercano de algunas de sus vicisitudes administrativo-judiciales: 

La Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica denunció por delito de odio a la Hermandad de Caballeros de la Cruz, organización filofranquista que celebra misas mensuales en el túmulo para rememorar el triunfo del golpe de Estado del 1936, los días 19 de cada mes. Procedimiento archivado.

Los Caballeros sentaron en el banquillo de los acusados a los cineastas Clemente Bernard y Carolina Martínez por realizar un documental –“A sus muertos”– sobre el edificio, en que ocultamente grabaron algunas de las celebraciones. La sentencia condenó al Sr. Bernard de un año de prisión y 2.880 euros de multa por delito de descubrimiento y revelación de secretos, dictada por el Juzgado de lo Penal núm. 3 de Pamplona.

Y para finalizar estos hechos, el Acuerdo de la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Pamplona de 13 de febrero de 2019, que establecía las siete propuestas seleccionadas que pasaban a una segunda fase del concurso de ideas convocado en 2018 para la transformación del Monumento, ha sido anulado por el Tribunal Administrativo de Navarra el pasado diciembre de 2019 (recurrido ante el orden contencioso-administrativo).

El Monumento a los Caídos cuyo nombre oficial es "Navarra a sus Muertos en la Cruzada"

Un ciclo de inmortalidad familiar que empieza con una simbòlica inhumación y acaba con una vergonzante exhumación, la cual lega un problema inmobiliario urbano y una innegable trinchera ideológica en la capital de Navarra

El cuerpo incorrupto de Sor Catalina de Cristo

Nada qué ver con otro cadáver atesorado en Iruña, más escondido, al punto del olvido, pero que reposa lánguidamente incorrupto.

Casualmente en junio de 1961 estuvo en Pamplona en su gira oficial por España el Arzobispo de Beirut, monseñor Felipe Nabas. En su visita al convento de las Carmelitas Descalzas (quienes viven en clausura en la calle, de tan descriptivo y conmovedor nombre, Salsipuedes de Pamplona), redescubrió el cuerpo incorrupto de la fundadora, Sor Catalina de Cristo. Venerada desde hace cuatro siglos, pero que se debió olvidar en tiempos difíciles, y volvió a hallarse en una estancia condenada, que se abriera para recibir al prelado de la que era entonces la “Suiza de Oriente Medio”.

En muy raras ocasiones han sido expuestos los restos de Sor Catalina. Y una de ellas fue el lunes 8 de diciembre de 2008, fiesta de la Inmaculada Concepción y 425 aniversario de que la religiosa trajera el Carmelo a Navarra. Como ocurrió con el cuerpo, el proceso de beatificación de Sor Catalina fue redescubierto en 1989, después de que ardiera cuando se quemó, siete veces, en 1936, el carmelo barcelonés.


Sor Catalina de Cristo nació el 28 de octubre de 1544 en Madrigal de las Altas Torres (Ávila) y era pariente de Santa Teresa por el lado de su padre, de apellido Valmaseda. Vivió desde niña experiencias sobrenaturales. Destacó por ciertas dotes de profecía en la oración, vaticinando ocho meses antes la derrota de la Armada Invencible, así como su propia muerte. En 1581 ayudó a santa Teresa a fundar en Soria. El 8 de diciembre de 1583 fundó el primer convento carmelita de Pamplona en la actual calle Jarauta. Después, fundó en Barcelona en 1588, donde falleció el 3 de enero de 1594. La enterraron en un terreno encharcado por el agua. En junio, fue extraído el cuerpo de la tumba y se halló incorrupto. El 19 de marzo de 1597 fue examinado por médicos de la ciudad que calificaron el hecho de milagroso. Recibió veneración pública, siendo visitado entre otros por Felipe III y Margarita de Austria en 1600. El cuerpo fue trasladado a Pamplona en 1604. En compensación por la pérdida, quedó en el convento de Barcelona el brazo derecho, el cual se conserva, salvado de los incendios anarquistes, en el nuevo convento de la calle Inmaculada, en Sarriá

La inmortalidad subsidiaria unamuniana

La historia europea es, en el fondo, un diálogo entre padre e hijo. Tanto por la tradición cristiana, que nace del judaismo por el envio del Yahvé de su Hijo desde el Reino de los Cielos, como por la estructura estatal de los reinos de la tierra, en que se heredaban el poder del estado y la creación del Derecho de padres a hijos en las monarquías. La religión y el estado obviamente se asentaban en una sociedad de ideologia patriarcal.

No es el significado patriarcal de este misterio de la civilización occidental algo ligado al sexo sino a la generación. Es la maternidad-paternidad como cadena que explica el mundo, como la convocatoria a seguir viviendo en sociedad, la inmortalidad subsidiaria unamuniana.

Las generaciones son conectores de un hilo conductor del pensamiento y del comportamiento, que se conduce y persevera. Aunque en la sociedad contemporánea del biloba ninia, en que no predomina la Fe, con las modernes repúblicas, y la vigència del mundo de la comunicación virtual, parece que lo que ha cambiado desde que un nieto ha pasado a ser abuelo es precisamente el abandono de ese misterio de la paternidad-maternidad como explicación del mundo.


Gure aita hilda dago, orain 36 urte baino gehiago direla. Ez zen larregi bizi. Eta horrela datorren argazkiaren desatsegintasuna. Aita dago nolabait pentsakor argazkian, neu bere eskuan. Dagoeneko mundualdian ni barne. Jakea eta gorbata aitak, zapi zuria ongi lerratua goiko eskuin poltsikoan azalduz. Berezko dotorezia zeukan, nahita barik- edo, gorbata jaka itxiaz kanpoan eta mauka luzeegiak, egunkaria eskuan. 1964. urtearen udaberria izan zitekeen, eta tokia, dudarik ez, Basurtoko militarren etxearen aurreko errepidea

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