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Edorta Etxarandio

– EL “CISNE NEGRO” COVID-19 Y LA RESILENCIA (y II) –

El terror por la pandemia hace que las personas actuen por impulsos

La parte primera de este post puedes consultarla aquí:

Plutarco (Vidas Paralelas, VII, 50, 13), puso en boca de Pompeyo, la frase navigare necesse est vivere non necesse (obviamente el texto en griego πλεῖν ἀνάγκη, ζῆν οὐκ ἀνάγκη, que se tradujo al latín a mediados del siglo XV). Su fin era arengar a sus marineros cuando éstos se negaban a embarcar, ante el amenazador estado de la mar. De este modo no olvidarían que el avituallamiento de Roma, y por lo tanto su supervivencia en la guerra civil de fines de la República, dependía de la llegada de la flota cargada de cereal de Sicilia, Cerdeña o Libia.

Esta máxima ha tenido éxito, y diversidad de sentidos, tanto por lo que se supone que se alude con el verbo navegar, como al significado del adverbio necesse, y su equilibrio con la vitalidad, física o analógica.

Dudesche Hanse

Fue adoptada como divisa de la Liga Hanseática, según queda en el dintel de la segunda puerta de acceso a la Haus Seefarht de Bremen erigido en 1655, y que se puede ver en un museo de dicha ciudad. Sin duda, expresa algo más literal respecto a surcar el mar entre los puertos de la organización, y teniendo a la vida por el comercio.

La expresión fue utilizada por Benito Mussolini en 1920 para uno de sus iniciales discursos, publicado de 1 de enero de dicho año, en Il Popolo de Italia:

Vive il motto che prima di essere dell’anseatica Brema fu di Roma
imperiale: «navigare necesse». Navigare non soltanto per i mari e per gli
oceani. Che l’Italia di domani debba «navigare» va diventando verità acquisita
alla coscienza italiana: non la croce vorremmo vedere sullo stemma nazionale ma
un’ancora o una vela. È assurdo non gettarsi sulle vie del mare quando il mare
ci circonda da tre parti. Ci sono anche in questo campo dei «frigidi
pessimisti» dall’anima perdutamente e irrimediabilmente libresca che sollevano
delle obiezioni e dei dubbi: poveri di spirito che saranno sorpassati dalla
realtà dei fatti.

Ma per noi «navigare» significa battagliare […]

Ma intanto «navigare necesse». Anche contro corrente. Anche contro il
gregge. Anche se il naufragio attende i portatori solitari e orgogliosi della
nostra eresia
.”

* “Vive el lema que antes de ser del Bremen hanseático era de la Roma imperial: “es necesaria la navegación”. Navegar no solo por los mares y por los océanos. Que la Italia del mañana “navegue” se está convirtiendo en una verdad adquirida por la conciencia italiana: no nos gustaría ver la cruz en el escudo nacional, sino un ancla o una vela. Es absurdo no arrojarse sobre los caminos del mar cuando el mar nos rodea por tres lados. También hay en este campo de “frígidos pesimistas” con un alma sin irremediablemente libresca, que plantean objeciones y dudas: pobres de espíritu que serán superados por la realidad de los hechos.

Pero para nosotros “navegar” significa luchar […]

Pero mientras tanto “la navegación es necesaria”. Incluso contra la corriente. Incluso contra el rebaño. Incluso si el naufragio espera a los portadores solitarios y orgullosos de nuestra herejía.”

Lógicamente, el lema fascista quería referirse al nacionalismo italiano, haciendo equivalente expresamente el navegar al batallar. Y justificar el expansionismo de su “Tercera Roma” (después de la imperial y de Bizancio), frente a los otros, y a los propios (frígidos pesimistas), que serían los refugiados en una vida nada heroica.

El navegar como metáfora de nuestra vida

Fernando de Pessoa, -el poeta de los heterónimos- escribió el poema “Navegar é preciso” (Navegadores antigos tinham uma frase gloriosa:/Navegar é preciso; viver não é preciso/ Quero para mim o espirito desta frase, transformada/ A forma para a casar com o que eu sou: Viver não/É necessario; o que é necessario é criar…).

Obvio que en su idea, se oponía la técnica de navegar, precisa y normada, a la vida real para el artista comprometido con su inspiración y el arte, sin normas, como en otros poemas opone el navegante al náufrago creador.

Luego, en 1969, Caetano Veloso, no mucho antes de ser invitado a salir de Brasil por la dictadura militar, tras de una estancia en prisión, compuso para su hermana María Betânia un bello tema con evocaciones del fado portuario, que se llama “Os argonautas” con una frase en el estribillo que reproduce el verso de Pessoa Navegar é preciso, viver nâo é preciso”.

https://open.spotify.com/track/7BwezxMmNgQdkZaH4jlcGB?si=34U8AcykSNW1M7YMrs4dLg
Os Argonautas. Caetano Veloso

El mensaje tenía su trasfondo político, que muchos años después, aprovecharía “Lula” Da Silva, en alguno de sus discursos. Desde luego que no en la línea de Mussolini, como no lo fue antes, sino en línea revolucionaria en la República Oriental, próxima al gigante brasileño. El abogado, periodista, político y escritor uruguayo, azote del imperialismo, Carlos Quijano, la utilizó como eslogan del semanario “Marcha”, que se publicó desde 1939 hasta 1974, un año antes de que tuviera que exilarse de la República Oriental a México, donde muriera.

Aislamiento vs Navigare necesse est

Con el cisne negro del Covid-19, el aislamiento de los mercados estatales y el cese de la actividad, si es dudoso cuándo y cómo va a superarse la crisis sanitaria. Esto es, la relajación del aislamiento social y la supervivencia del sistema de salud pública hasta una vacuna universal. Pero en absoluto es dudoso que va a generar una recesión económica. En la prelación de la dicotomía de salud pública y crecimiento económico es cuando ha vuelto a aparecer, como un proverbio, el Navigare necesse est. Es decir, la conservación del sistema económico, que como se ha visto, se ha querido identificar con diferentes ambiciones, el comercio, el imperio, la revolución, el espíritu, y vivere non est necesse, esto es, la pura facticidad, la pervivencia, lo cual también se ha entendido de diversa manera, por los empresarios, políticos, o creadores.

Covid19 ha infectado a la economía
Covid19 ha infectado a la economía

Dada la polisemia del aforismo del Navigare…, como la mención anciana al cisne negro (consecuencias de la pandemia de Covid-19) se trajo de Juvenal, también traigo de una Sátira del siguiente libro tercero. Concretamente la VIII, que ataca el tópico de la degeneración de la nobleza, entre los versos 79-84, y que son consejos a un personaje que aspira o detenta el poder, la siguiente admonición:

Summum crede nefas animam praeferri pudore et propter vitam vivendi perdere causas, o sea:

“Ten por infamia suprema preferir la vida al honor y por salvar la vida perder la razón de vivir”.

El contexto concreto es del consejo moral para un testigo, al que pudieran amenazar para cometer perjurio. Y contrapone la subsistencia (puesto que anima es la vida animal), a la integridad (que es el significado de pudor), y a la vez, contrapone lo que es la vida y las causas de vivir, que le dan su sentido.

Es más definitivamente filosófico, aunque solo sea porque se citaba como conclusión final de su Crítica a la razón práctica (Kritik der reinen Verninft) de Inmanuel Kant:

“…Más decisivo es el magnánimo sacrificio de la vida propia por la salvación de la patria y, no obstante, quedará algún escrúpulo sobre si es un deber tan perfecto sacrificarse espontáneamente y sin órdenes con este propósito, y la acción no tiene toda la fuerza de un modelo e incentivo a ser imitada.

Pero si es un deber ineludible, cuya infracción atenta contra la ley moral en sí y como si dijéramos pisotea su santidad (deberes como los que se suelen dominar para con Dios porque en él nos representamos en sustancia el ideal de la santidad), su observancia con sacrificio de todo cuanto pueda tener algún valor para la más íntima de nuestras inclinaciones, nos inspira el más perfecto respeto y sentimos que nuestra alma se eleva y fortalece con tal ejemplo si por él podemos con-vencernos de que la naturaleza humana es capaz de elevarse tanto por encima de todo cuanto la naturaleza pueda ofrecer como móviles contrarios. Juvenal expone un ejemplo así en una exaltación que hace sentir vivamente al lector la fuerza del móvil que el deber como deber pone en la ley pura:..”

(Traducción de J. Rovira Armengol, Edición cuidada por Ansgar Klein; Editorial Losada S.A., Buenos Aires, 2003)

El coste de la superviviencia

Lo primordial del subsistir no puede soslayar la inmersión en lo profundo del anhelo humano por lo no evidente y lo no urgente, pero esencial como es el sentido y dignidad de la vida de las personas. La facticidad y la pura perviencia no son más “reales” que la ambición espiritual, fundamento de la ética.

Se emplea la idea ante la crisis del coronavirus para redescubrir el valor de la privación aceptada y la solidaridad, sin dejar de mirar la vida desde su finitud. Es la única perspectiva que nos permite instalarnos auténticamente en la realidad, y no solo la materialidad cotidiana, y aprender que vivir y morir por los demás y las causas nobles merece la pena. Aquí el aplauso para el personal sanitario, los cuerpos de seguridad, el ejército, y quienes mantienen los servicios esenciales.

Pero la pobreza deseada es santidad, , mientras que es una lacra cuando no es querida:

“Necesito poco y lo poco que necesito lo necesito poco”

Franciscano.

Y el caso es que la resiliencia ante el cisne negro no es autoprivación frente a la adversidad, sino asunción de ésta con flexibilidad para superarse desde el descubrimiento de nuevas potencialidades.

En el conflicto entre salud y economía, como dilema ante las decisiones que se adopten para frenar la pandemia, no es lo esencial lo primero y lo inmediato lo segundo más que en una consideración individual. Todo ser humano tiene su capacidad vital de hecho como base de cualquier nivel de vida. Cuando se habla de la salud pública o salud laboral (en este dilema, la línea es muy fina), enfrente de la actividad económica de un país, ocurre todo lo contrario- Lo fáctico e inmediato es un determinado nivel de salud, y el sentido digno de la vida, lo esencial, es un determinado nivel alcanzado de bienestar económico.

Y todo es un equilibrio para adecuar los dos niveles aceptables (que evidentemente son diferentes en las distintas partes del planeta).

Hay que preservar la vida, pero también el sentido de vivir. Pelear por un grado de salud colectiva que no provoque, sin remedio, la depauperación común, esto es, que el abordaje de la crisis sanitaria no genere una crisis económica profunda. La proporción entre enfermedad y remedio depende de la gravedad relativa para la sociedad de la primera, y del tiempo de interferencia en la actividad económica. En consecuencia cuanto más grave sea la lesión de la salud pública, más justificada estará paralizar parcial y provisionalmente la economía. Pero cuanto más tiempo dure tal paralización, y seguro que la tendencia económica no se normalice, la recuperación resultará inviable.

Ganadores y perdedores en la pandemia

Está claro que hay algunos agentes que mejoran sus perspectivas, como las grandes plataformas, ciertos mercados financieros a medio plazo, y los servicios tecnológicos. Otros que se han mantenido por ser reputados esenciales, no hay motivo para pensar que vayan a empeorar como las comunicaciones, especialmente las telemáticas y audiovisuales; la comercialización de alimentos, bebidas, alimentación animal, productos higiénicos, medicamentos, productos sanitarios, y demás;  la producción de bienes, servicios, tecnología sanitaria, de protección de la salud, incluida la investigación sanitaria. Y para terminar otros, en que lo peyorativo irá por partes, como en el sector primario, y en el de servicios jurídicos o de asesoría económico-contable.

Pero toda la demás actividad económica, congelada, dependiendo del lapso de congelación, puede ser incapaz siquiera de volver a la vida. Lógicamente la pérdida de empleo no podrá atajarse mediante la prohibición del despido de los trabajadores (como si se prohibiera que los infectados por el virus desarrollaran la afectación morbosa). La hostelería, restauración, viajes, transporte aéreo, y espectáculos deportivos, artísticos y culturales en general, pueden  hundirse sin repuesto, lo que no es lo mismo para una u otra economía, según que dependan del turismo y la estacionalidad para equilibrar la balanza de pagos. Y la industria perderá los contratos de exportación ante la competencia, habrá déficit de oferta para el mercado interno, y en cuanto al consumo, se evidenciará un descenso de la demanda simplemente por efecto del miedo, mayor cuanto más se mantenga hibernada la economía, según hay ejemplos pasados.

En el caso de España, por comparación con la crisis precedente, se llega con los principales órganos dañados y serán presa metafórica de la cadena vírica de ARN, puesto que la cifra de deuda es de 1.195.000 millones de euros, el triple que en 2008, el paro del 13,7%, casi 2/3 más que en 2008, y el turismo representa un 12,3% del PIB.

Se dice que toda vida es sagrada, y en tiempos de crisis deben reforzarse los principios morales. Pero hay que aceptar que muchas muertes por Covid-19 no son evitables, que el virus cambia muchas causas de muerte, y hace tiempo que el sistema público de salud funciona conforme a decisiones que incluyen costes y valoración de daños evitados y provocados, con comités de bioética amplios, y sin admitirse el encarnizamiento terapéutico.

La pandemia únicamente reordena los parámetros para la adopción de estas decisiones, las cuales no se refuerzan por el uso de epítetos de santidad, sino con el de la máxima transparencia e información (no sólo número de hospitalizados y muertes, sino de infectados, por grupos de edad, sexo, clase social, enfermedades y consumo de medicamentos para estas enfermedades), y la aplicación de la más escrupulosa ausencia de discriminación (que significa no tratar de igual forma a los desiguales).

Mientras conocidos mercados orientales calientan motores para tomar el control de la economía mundial, en Occidente la gestión de crisis está requiriendo enormes recursos con cargo a deuda pública, y se verifica un repliegue de cada estado sobre sí mismo, haciéndose inevitable la recesión.

Hace tiempo que repito, en mi ámbito, recogiendo la imagen alegórica del “Ogro filantrópico” del ensayo político de Octavio Paz, que la leyes no deben proteger de un modo tal que destruya a quienes son objeto de su protección, por el tamaño amor que les dispensa (el ogro no es que quiera a sus pupilos sino que le gustan…para engullirlos).

Saturno devora a su hijo
Goya

Incertidumbres del presente y del futuro

Hay voces de expertos que discuten la indicación científica de la medida que impone el cese de la actividad económica, militando en la experiencia histórica de que toda epidemia de afecciones respiratorias ha comenzado, alcanzado un pico, y se ha banalizado espontáneamente, y efectuando una comparativa concienzuda con el virus SARS y con la gripe estacional. Es verdad que estos tipos de epidemia requieren que coincidan el virus, el ambiente y la genética, y normalmente alguno de los tres elementos termina por salir de escena. Lo cierto es que, en cuanto al elemento genético, no conocemos el dato fundamental de la tasa de letalidad del Covid-19.

La estadística de infectados solo contiene a los afectados notificados por el sistema, ni está la misma estratificada por edades y grupos de riesgo de patologías en historia clínica. Tampoco conocemos otros datos sociológicos más simples, como el número de muertos diarios sin infección del virus SAS-CoV-2, y el número de suicidios por día, para compararlos con periodos semejantes de años anteriores. Y son estos factores los que justifican el rango de las medidas.

Aunque partiendo de que las medidas estén indicadas y deban cumplirse, únicamente sea para que los servicios públicos de salud no colapsen, la cuestión siempre es de proporción. Cuál es la cota de salud colectiva que se salva, sin perder el nivel de vida que concede sentido a la misma en nuestra sociedad (a las dos generaciones que se reparten el poder de determinado territorio). Y es una cuestión de tiempo, para que no se eluda caer en el abismo (propter vitam) precisamente saltando al mismo (vivendi perdere causas).

No es verosímil que la vuelta a la actividad económica y la salida del confinamiento domiciliar vaya a “convertir” a la mayoría, a producir sujetos resilientes, que ralenticen su ritmo, descubran nuevas aptitudes, aprecien el medioambiente, y sean más empáticos. Pero seguro que, si el parón económico y el aislamiento se prolongan todo lo que requieren los hospitales para volver un desahogo estival, los epidemiólogos habrán demostrado la bondad de sus gráficas, pero de entre quienes ya no tendrán empleo, y entre familias y empresas incapaces de soportar su endeudamiento, indirectamente, y por los futuros recortes en sanidad, directamente, volverán con creces los enfermos evitables durante un periodo de tiempo tan largo como de largo haya sido la prolongación del estado de inactividad y aislamiento de la economía.

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