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Edorta Etxarandio

– AURORA: PSIQUIATRIA GERMANICA Y EUGENESIA (I) –

Hildegart Rodríguez Carballeira

Hildegart Rodríguez Carballeira

El famoso parricidio de Aurora Rodríguez Carballeira, quien asesinó de cuatro tiros a su hija Hildegart, pertenece a una historia familiar muy compleja. Y se confirma de manera rabiosa la máxima de que la realidad, supera la ficción. Referencia que he utilizado con anterioridad para explicar como la narrativa de ficción, siempre imitativa, no llega a funcionar con un desorden tan inverosímil como aparece en las ocasiones históricas, ya irreversibles.

El nueve de junio de 1933, a las ocho de la mañana, Aurora entró en el cuarto de su hija, del piso 4º del número 57 de la calle Galileo. Llevaba una pistola, que había comprado en el Rastro para defenderse de posibles agresores. Disparó a su hija durmiente cuatro veces y el cuerpo quedó inmóvil, en el lado izquierdo de la cama, con dos balazos en la región temporal derecha, uno en la mejilla, otro en el pecho. Aurora salió con la pistola humeante, saludó a la criada, que volvía de un recado, y marchó al despacho de su abogado, Juan Botella Asensi, quien la acompañó a formular la denuncia del acto en Comisaría. La noticia conmocionó a la sociedad española y ocupó los principales titulares de la prensa. Hildegart, la “virgen roja”, uno de los iconos de la Segunda República, solamente tenía 18 años.

La génesis de un plan

Aurora, quien se había criado en una familia de la burguesía ferrolana, huérfana de madre desde joven y con un padre abogado librepensador, había decidido concebir y traer al mundo, a sus treinta y cinco años, al ejemplo de la mujer del futuro.  Lideraría la lucha contra el yugo masculino y la revolución feminista. No dudaba de que, mediante el sistema natural, pero sin ninguna experiencia previa en relaciones sexuales, llegaría a ser madre precisamente de una niña, ni de que el mejor método era yacer accidentalmente con un hombre que nunca reclamara su paternidad ni interfiriese en la educación de la hija común. Parece ser que el elegido resultó ser un cura castrense, de origen leridano, y andaba embarcado en la Marina, además de ser aficionado a escribir obras de teatro en las que defendía al proletariado.

Aurora Rodríguez Carballeira

Fruto de sus manejos, el 9 de diciembre de 1914 Aurora dio a luz a una niña en Madrid, capital a la que se había trasladado para instalarse en una pensión de las afueras. La llamó Hildegart, aunque figurara inscrita en el Registro Civil, por motivos prácticos, como María del Carmen. Prosiguió con resultados apetecibles en la línea de moldeo de la “mujer avanzada”: con un año Hildegart hablaba perfectamente, con tres, sabía leer y escribir, y con apenas ocho años ya dominaba varios idiomas. Comenzó sus estudios en un colegio laico especial, del que salió a los 14 años para acceder a la universidad y cursar la carrera de Derecho, y luego la de Filosofía.

Se convirtió en un referente intelectual, habiendo dejado en su corta existencia cantidad de artículos en revistas y periódicos. Fue redactora del revolucionario “La Tierra”, con varias novelas y ensayos, siempre en la finalidad de reforma social, y específicamente en defensa de los derechos de la mujer, y en los estudios sexológicos, de los que fue pionera, rigurosamente teórica. Perteneció a la Liga para la Reforma Sexual, conoció a personalidades de renombre de la época como Havelock Ellis, uno de los estudiosos de la sexualidad más influyentes. Y al tiempo, militante política, en apoyo del sufragio universal y de la emancipación femenina. Primero afiliada a las Juventudes Socialistas, aplaudida por Besteiro y Saborit, y aclamada para la Directiva, y más tarde, desencantada con el papel de los socialistas ante los gobiernos de izquierda de la II República y más tarde, desde que publica en 1932 ¿Se equivocó Marx? ¿Fracasa el socialismo?, en la que censura los puntos débiles de la teoría marxista, sumándose al Partido Republicano Democrático Federal, lejos del jacobinismo socialista y próximo a un anarquismo elitista.

Podcast sobre la historia de Hildegart Rodríguez Carballeira de RTVE

Hildegart Rodríguez Carbelleira

¿Una locura de juicio para una loca?

La relativamente rápida y nefasta conclusión del proyecto procede del convencimiento de Aurora de la desviación irreversible de Hildegart de su papel de redentora social, sujeta al bagaje de ideas, lecturas y fines de la madre. Ello en el plano político, como en el vital, según era lo predecible de una “inteligencia natural”. Patológica la pretensión, exitoso su desarrollo breve, y sangriento fin.

Proclamada la II República, el Decreto de 27 de abril de 1931 restableció el jurado conforme a su Ley de 20 de abril de 1888, introduciendo notables modificaciones en el texto, suspendido de aplicación durante la dictadura de Primo de Rivera, de forma que lo alteró en sustancia. El tribunal tenía una sección de hecho de ocho jurados y una sección de derecho de tres magistrados de carrera. El artículo 7 disponía que al jurado se le preguntará “sobre la participación de los acusados en la ejecución de los hechos”, como reacción a la experiencia manifiesta de los llamativos errores en las respuestas de los jurados, de franca lenidad para la culpabilidad en delitos a los que correspondían penas fuertes. La culpabilidad resultaría del conjunto de las respuestas, y luego de sentenciado el juicio por la sección de derecho, se sometía a la de hecho para que se pronunciase respecto si juzgaban o no excesiva la pena impuesta (en caso afirmativo, se activaba de oficio el expediente de indulto).

No había en el caso ninguna duda acerca de quién participó como autora material del parricidio de Hildegart, y únicamente la había a propósito de la responsabilidad penal, esto es si concurrió a no una eximente de enajenación mental en Aurora. El juicio oral comenzó el 24 de mayo de 1934 y duró dos días más, y el debate enfrentó a la izquierda y la derecha, en un agregado episodio de disputa sobre la visión de la justicia penal, entre quienes se inclinaban por la calificación de la ciencia y la psiquiatría, en relación con el trastorno implicado en unas ideas progresistas, y quienes concebían la muerte violente y premeditada una prueba evidente de que la radicalidad en las ideas progresistas conducían al crimen.

La intelectual Hildegart Rodríguez Carballeira

La principal defensora de su completa sanidad mental y responsabilidad de sus propios actos fue Aurora, en contra de la línea de exculpación de su abogado. Sostuvo que la eliminación de su hija, fue resultado de una decisión dificilísima de eliminar el fracaso del único fin de Hildegart, quien no fue una niña ni se había convertido en una mujer, sino el símbolo de la lucha por la igualdad de derechos de la mujer, de la maternidad consciente, o de la reeducación de las prostitutas, al que se había entregado inflexiblemente. La enfermedad estaba en la sociedad. En definitiva, su proclamación como una mártir de la reforma política, social y sexual, como explicación de la imponderable decisión, al ser atajada por el Presidente del Tribunal, de modo que quedó truncado su interrogatorio. Aunque pareciera beneficiar las alegaciones y la pericial psiquiátrica de la defensa, contribuyó a perjudicarlas, puesto que redujo la exposición del estado psíquico de Aurora a los informes periciales, cuando las mismas declaraciones de la acusada hubieran sido mucho más elocuentes.

La teoría de la conspiración para separar a madre e hija; la reacción frente al agobio intensificado en los últimos tiempos de Hildegart por un control desquiciante; el síndrome de abandono; el sentimiento del deber para con su “creación”; y el delirio de que el propio fruto de Aurora terminaba por reclamar la muerte; tenían como contradictorio la recapacitación minuciosa para llegar a los disparos, la discusión agotadora con Hildegart, a fin de que cayera extenuada a la madrugada para dormir pesadamente, la distracción a la mañana de la criada, enviándola a pasear los perros, etcétera, cuando precisamente confirman una psicosis paranoide. No era, en ningún caso, un trastorno transitorio o de arrebato.

Aurora Rodríguez y su letrado, Mariano López Lucas, quien sustituyó en la defensa a Juan Botella Asensi, que había sido nombrado Ministro de Justicia en septiembre de 1933. Al acto del juicio asistió con el pequeño ramo de claveles rojos, que le dio una mujer al acceder al edificio de la Audiencia provincial, custodiada por las funcionarias de prisiones

El Tribunal del Jurado era presidido por la Sala primera de la Audiencia Provincial de Madrid, integrada por el Presidente Francisco Fabié, y los Magistrados Zurbano y Predegal. Ejerció como Fiscal el Sr. Valenzuela. Los peritos médicos psiquiatras fueron, por la acusación, designados por el Tribunal, Antonio Vallejo- Nájera y Antonio Piga, y por la defensa José Miguel Sacristán, Miguel Prados, y Fulgencio Fuertes

La posición científica estuvo representada de la manera más convincente por José Miguel Sacristán Gutiérrez, quien sostenía que el caso de Aurora fue un supuesto peculiar de paranoia incurable. Mientras que la posición de Antonio Vallejo-Nágera Lobón, quien ya había escrito sobre la degeneración de la raza española durante la República y sobre la relación entre el marxismo y la enfermedad mental (veinte días antes del inicio del juicio. El 4 de mayo, a las 19:30, con ocasión de la IV Semana Nacional de Higiene Mental, en el Centro Cultural del Ejército, en su conferencia “La higiene mental de la raza”), llevaba a admitir tendencias paranoides en una personalidad exhibicionista y maniaco-persecutoria. Pero de quien entendía perfectamente el alcance de su conducta y era responsable penalmente, aunque afectada de una “idocia social”, con el instinto maternal atrofiado.

Aurora Rodríguez Carballeira fue condenada, como plenamente responsable, por un delito de parricidio, a la pena de veintiséis años, ocho meses y un día de reclusión mayor. Año y medio más tarde un nuevo dictamen psiquiátrico aceptó la enfermedad mental y derivó a la penada de prisión al manicomio de Ciempozuelos, donde ocurrieron durante la Guerra Civil acaecimientos sorprendentes, y donde murió Aurora el 1 de noviembre de 1956.

Cuando se produjo el alzamiento de 1936, el Dr. Sacristán dirigía dos sanatorios psiquiátricos, el de Ciempozuelos y el Nuestra Señora de los Ángeles. Participó en las reformas psiquiátricas que se habían realizado en la II República, siendo directivo de la “Asociación Española de Neuropsiquiatras”, la “Liga Española de Higiene Mental”, y la “Sociedad de Neurología y Psiquiatría de Madrid”. Ocupó diversos cargos en la Administración (vocal del “Consejo Superior Psiquiátrico”, siendo profesor del “Instituto de Estudios Penales” o director del “Anexo psiquiátrico y el Servicio de Biología criminal” de dicho Instituto).  Había publicado más de sesenta trabajos en varios idiomas, y mantenía sólidas relaciones, profesionales y de amistad, con importantes representantes del Gobierno e intelectuales afines al mismo, como Negrín, Marañón, Ortega, Azaña.

Exiliado con la caída de Barcelona en Toulouse, hubo de volver a España, dado que dos de sus hijos estaban en el frente. Padeció expediente de depuración por el que se le sancionó con inhabilitación para el ejercicio de la medicina durante seis meses. Y al no poder trabajar, tuvo que vivir durante un tiempo de las traducciones de libros. El rechazo profesional le alejó de la Psiquiatría española, y murió en Madrid en el ostracismo en 1957.

El Dr. Vallejo-Nágera, decidido partidario de la sublevación y fervoroso franquista, fue el titular numerario de la primera cátedra de Psiquiatría de la Universidad de Madrid. En esta plaza ya dotada en la II República y no provista, (se sospecha que precisamente por estar destinada al Dr. Sacristán, a la espera de que leyera su tesis doctoral),  creó el Gabinete de Investigaciones Psicológicas del Ejército. Además alienaba con la ideología eugénica nacionalsocialista, aplicada a la patologización de los individuos de izquierda, especialmente a la infrahumanidad de la “mujer revolucionaria”, y que justificaba la represión de los presos republicanos y el secuestro de los hijos para su reeducación. Laureado en la cúspide de la Psiquiatría española (con López Ibor), murió en Madrid en 1960.

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